Una madre cubana ayuda a sus hijos y nietos a cargar un improvisado catamarán. La embarcación poseía un casco de unos 5 metros de largo y no más de 50 cm de altura auxiliada por una vela construída con tela de paracaídas sujetas al casco con cuerdas, alambrón e hierros. Su casco de madera fue revestido con una capa de yeso y cemento blanco. Esta fue una de las embarcaciones más modernas que partio desde Cojimar hacia la Florida con su carga de balseros.
Sobre los arrecifes (diente de perro) del poblado costero de Cojimar, en La Habana, un joven cubano dehambula en busca de un grupo que le permita unírseles para lanzarse al mar en busca de la Florida. Su aporte al grupo, una recámara de automóvil y un balsero.
Sobre los arrecifes de Cojimar, un grupo de cubanos ensamblan recámaras de automóvil reforzadas con correas de nylon, las que atarán a varias planchas de poliespuma, para lanzarse al mar sobre una improvisada balsa.
Sobre las arenas de la pequeña playa de el Rincón de Guanabo, en las afueras de La Habana, un caballo permanece en espera de su dueño, quien junto a otros cubanos, prepara una balsa para lanzarse al mar en busca de la Florida.
Un balsero cubano medita junto a su única compañía en la travesía Cojimar-Florida, un retrato de Jesucristo especialmente pintado para el viaje.
Un viejo proverbio popular dice que el mar devuelve todo lo que no es suyo. Un joven balsero duerme sobre los restos de su balsa de madera, tras sufrír un naufragio a pocas millas de la costa norte cubana. Días más tarde, emprendió nuevamente su aventura.  Nadie conoce su paradero actual.
Balseros cubanos refuerzan con sacos de yute las recámaras de tractor conque construyen una balsa para abandonar Cuba por un punto de la costa norte de La Habana, en una busqueda desesperada y riesgoza de la Florida.
Jóvenes cubanos cargan una balsa construida con latón, madera y lona, adornada con una cabeza de muñeca como frontón de proa y buena suerte. La inscripción USA definía su única ruta.
Creer en algo, aferrarse a algo era vital para estos jóvenes balseros cubanos. Su balsa, un ataud gigante de madera, tela y recámaras de automóvil, exhibe en la proa, una pequeña cruz de madera. Es su faro.
Aún en tierra firme, las adversidades comenzaban a sentirse. El mal tiempo impide a un grupo de balseros echar su balsa al mar.
Dos amigos masones dan los últimos toques a la vela de su balsa, construida con sacos de yute y desechos de todo tipo, con la que partirían horas más tarde, en su intento de cruzar las 90 millas que separan Cuba de EE.UU.
Sobre una rústica balsa de madera, una muñeca permanece en espera de su dueña, a quien acompañará en una travesía incierta desde la playa El Rincón de Guanabo hasta la Florida.
Un balsero cubano carga pesados remos de madera con los que conducirá su rústica balsa hacia la Florida.
Un padre se despide de su familia instantes antes de la partir como balsero con destino a EE.UU, desde la playa de Guanabo.
Madres y hermanos observan a sus familiares partir hacia altamar en una balsa, en el intento de llegar a la Florida desde la costa norte de La Habana.
Tras sufrir una avería en su improvisada balsa, un grupo de balseros cubanos regresa a tierra bajo el mal tiempo.
Un balsero cubano echa su última mirada a tierra firme, antes de partir definitivamente hacia el estrecho de la Florida en una balsa. Una estatuilla de un indio les acompañará como guía y protector en los momentos difíciles que encontrarán en su travesía.
Desde los arrecifes de Cojimar, un niño ve partir a familiares.
El plazo para el éxodo masivo de balseros culminó. Algunos quedaron en el empeño, mirando al horizonte.
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